Día de las escritoras

Juves 17 de octubre a las 19.00 h. en el Centro Cultural Pablo Ruiz Picasso

Día de las escritoras

PROGRAMA DE LA GALA:

EFRAÍN SILVA PÉREZ
Estudio número 3
a la guitarra: el autor

SIMÓN DE BEAUVOIR
interpretada por Isabel Marín

DULCE MARÍA LOYNAZ
Sí me quieres, quiéreme entera
por Isabel Marín

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra y blanca.
Y gris, y verde, y rubia, y morena…
Quiéreme día, quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda…
O no me quieras!

TERESA DE JESÚS
Del libro de la vida
por Petra Desiderata

Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla; aunque muchas veces se me representan ángeles, es sin verlos, sino como la visión pasada que dije primero.
En esta visión quiso el Señor le viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; mas bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros y de otros a otros, que no lo sabría decir. Le veía en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento.

ANA CARO DE MALLÉN
De valor, agravio y mujer
por Soledad Durnes y Julio Ramos

(Sale doña LEONOR, vestida de hombre, bizarra,
y RIBETE, lacayo.)

LEONOR – En este traje podré cobrar mi perdido honor.

RIBETE – Pareces el Dios de amor. ¡Qué talle, qué pierna y pie! Notable resolución fue la tuya, mujer tierna y noble.

LEONOR – Cuando gobierna la fuerza de la pasión, no hay discurso cuerdo o sabio en quien ama; pero yo, mi razón, que mi amor no, consultada con mi agravio, voy siguiendo en las violencias de mi forzoso destino, porque al primer desatino se rindieron las potencias. Supe que a Flandes venía este ingrato que ha ofendido tanto amor con tanto olvido, tal fe con tal tiranía. Fingí en el más recoleto monasterio mi retiro, y sólo a ocultarme aspiro de mis deudos; en efecto no tengo quién me visite si no es mi hermana, y está del caso avisada ya, para que me solicite y vaya a ver con engaño, de suerte que, aunque terrible mi locura, es imposible que se averigüe su engaño. Ya, pues, me determiné, y atrevida pasé el mar, o he de morir o acabar la empresa que comencé, o, a todos los cielos juro que, nueva Amazona, intente, o Camila más valiente, vengarme de aquel perjuro aleve.

RIBETE – Oyéndote estoy, y ¡por Cristo! que he pensado que el nuevo traje te ha dado alientos.

LEONOR – ¿Yo, soy quien soy? Engáñaste si imaginas, Ribete, que soy mujer. Mi agravio mudó mi ser.

RIBETE – Impresiones peregrinas suele hacer un agravio: ten que la verdad se prueba de Ovidio, pues Isis nueva, de oro guarneces el labio. Mas, volviendo a nuestro intento: ¿matarásle?

LEONOR – Mataré.

CARMEN DE BURGOS
De el divorcio en España
por Lala Ocaña

Desde el punto de vista de la moral, el divorcio tiene grandes ventajas. Hay quien ha hablado del amor, como argumento en contra del divorcio. Los esposos que se amen no se separarán nunca, permítanlo o no las leyes; eso es indudable.
¿Que si después de haberse amado pueden aborrecerse? Esa es una cuestión en la que entran igualmente la psicología y la fisiología; y la experiencia demuestra que el caso sucede con harta frecuencia.
Cuando esto se verifica, la ley natural falla la causa; los cuerpos no deben estar unidos si los espíritus se repelen.
Divorciados moralmente los esposos, no están lejos las traiciones, el odio, el engaño y hasta el crimen… Es horrible el hogar de dos seres que se aborrecen y que saben que sólo la muerte puede separarlos.
En estas condiciones es absurdo condenar el adulterio. Cuando teniendo facultad de separarse y de formar un hogar nuevo los esposos se engañan, la pena debe ser severísima; pero mientras las leyes les obliguen a vivir juntos, la traición es una consecuencia lógica; no todos los seres humanos tienen bastante voluntad para ser héroes o mártires. (…)
Con divorcio o sin él, el abuso ha existido siempre. Entre los pueblos primitivos y entre los judíos, griegos y romanos, existía el repudio; el hombre, el señor, el fuerte, desechaba o esclavizaba a la mujer.
En todo tiempo el fuerte tiraniza al débil cuando deja de amarlo, y es moral permitir la separación que pone término al martirio. (…)
Las leyes han de garantir también la suerte de los hijos, y su educación sufrirá menos en un hogar tranquilo, al lado del padre o de la madre inocente, que entre el continuo batallar del odio y las ofensas. (…)
De nuestro plebiscito resulta que la opinión de España es favorable al divorcio, y es indudable que se establecerá entre nosotros como conquista de la civilización.

EMILIA PARDO BAZÁN
Correspondencia con Benito Pérez Galdós
por Nely Sforza
Madrid, 26 de febrero de 1889.
Amigo del alma, ante todo, no llames caridad a lo que es acendrada ternura. (…) Apelas a mi sinceridad: debí manifestarla antes, pues ahora ya no merece este nombre: sea como quiera, ahora obedeceré a mi instinto procediendo con sinceridad absoluta. Mi infidelidad material no data de Oporto, sino de Barcelona, en los últimos días del mes de mayo -tres después de tu marcha. Perdona mi brutal franqueza. La hace más brutal el llegar tarde, y no tener color de lealtad. Nada diré para excusarme, y sólo a título de explicación te diré que no me resolví a perder tu cariño confesando un error momentáneo de los sentidos fruto de circunstancias imprevistas. Eras mi felicidad y tuve miedo a quedarme sin ella. (…)
Madrid, 28 de febrero de 1889.
Mi amigo, no has acudido hoy al punto señalado. (…) Pudo ser por dos motivos; uno puramente accidental, porque no pudiste; otro intencional, porque después de la confesión que encierra mi carta no creíste que merezca la dicha de verte y hablarte y pedirte perdón una vez más. Si esto es así, bien me duele, pero no me quejo: he merecido tu cólera, tu desdén, tu indiferencia; lo merezco todo, y sin embargo, te quiero, te quiero, te quiero. (…)
La Coruña, abril de 1889.
Mi siempre amado (siempre, siempre). ¡Tu cartita me da un rato más bueno! (…) De mis picardías, ¿qué quieres que te diga? Tú eres más indulgente para ellas que yo misma; tú las explicas y las perdonas, yo tengo instantes en que no las sé perdonar, aunque me las explique aquella lógica interior que nos ayuda a comprender nuestras propias acciones por más disparatadas que sean. Lo que debe constar y lo que no se escapa a tu inteligencia es que nada hay de humillante, para ti, en lo ocurrido. Bien te alcanza la filosofía y la razón para comprender que a nadie humilla lo que hace otro, y que solo las acciones de uno mismo honran o avergüenzan. (…)

FRANCISCO TÁRREGA
Recuerdos de la Alhambra
a la guitarra Efraín Silva Pérez

ALEJANDRA PIZARNIK
De diarios
por María Manrique

La incapacidad de amar me ha de llevar a un conocimiento más o menos completo de mí, a una individualidad fuerte y productiva; mi temperamento artístico crecerá considerablemente. Quizás haga una gran obra; quizás mi pluma explorará linderos desconocidos, quizás mi ave será gloriosa, quizás mi nombre tendrá su aureola, quizás mi muerte será mi nacimiento. Pero… ¿has de ser feliz algún día? ¿Has de sentir en tu alma el genuino reflejo de un amor pleno? ¿Ha de amarte alguien alguna vez? ¡No! ¡No! ¡Mil veces no! ¿Y tú habrás vivido, Alejandra? ¿Y tú? ¿Y tú?
Aspiro a la lucidez. Temo no hallarla nunca. (…)
Creo que mi feminidad consiste en no poder «vivir» sin la seguridad de un hombre a mi lado. En los períodos (¡actualmente tan escasos!) de ausencia de flirts, me siento terriblemente árida. Inútil. Como si estaría [sic] malgastando mi juventud. Y cuando estoy segura, es decir, cuando camino junto a un hombre que guía mi cuerpo, me siento traidora. Traiciono a ese llamado cercano que me planta junto a la mesita y me ordena: ¡estudia y escribe, Alejandra! Entonces ya no grito «¡me muero de inmanencia!». ¡No! Entonces, me siento ser. Me siento vibrar ante algo elevado que me asciende junto a sí.
Esta dualidad me rebela. ¿No han de ser compatibles en forma alguna? (…)
Por mis frases deduzco que tiendo a elegir el estudio y la creación. Pero también hay algo que se rebela ¡y con causa! Es mi sexo. Acepto encantada las horas del día llenas de libros y de belleza, pero ¡las noches! ¡Las frías noches de invierno! Noches en que oprimo desesperada la almohada suspirando por transformarla en un rostro humano. ¡Y mi cuerpo que ningún brazo oprime! ¡Y mis labios besando el vacío! ¿Cómo otorgar lo que anhela, a mi cuerpo febril? No quiero amantes (pues desordenarían las horas de estudio). ¡Al diablo! ¡Tendrían que crearse burdeles especiales para mujeres-artistas.

MARUXA ORXALES
Señalada
por Aaron Carmona

De la mañana a la noche
me tienes enjaulada en los besos
que me diste hace tiempo;
Esos besos redondos como guijarros
que aún me cosquillean la piel
susurrando tu nombre.
Los sembró en mis sienes tu pasión
con mucha miel ¡tanta alegría!
Casi muchacho realizaste la siembra
que pronto fue creciendo gigantescamente,
crece que crece por la sangre arriba,
me nació la ansiedad.
Enloquecida por ti,
me tienes enredado el corazón
resucitado el hechizo.
Me dejaste en las venas hojas nuevas
de un libro inolvidable
que malhieren con nostalgia mi cariño.
Me dejaste señales en todo el cuerpo
y llevo con tus señales el alma marcada
dondequiera que voy, por todos señalada.

SOLEDAD DURNES
Mujeres de marzo
por la autora

La primavera es una estación maravillosa que nos trae innumerables festejos y celebraciones, ferias, patios con flores, cruces adornadas con claveles enredados y todo esto junto con el buen clima que suele hacer por estas fechas, atrayendo a los turistas a nuestras tierras.
En marzo se respira el olor a azahar, se ve como florecen los almendros y se va percibiendo el olorcillo a incienso que anuncia la llegada de la Semana Santa, escuchandose una música celestial por el trinar de los pájaros.
La mujer nacida en este mes de marzo suele ser dinámica, temperamental, controladora y sobre todo decidida y segura a la hora de tomar decisiones.
El mes de marzo es también conocido por el mes de la Historia de la Mujer, admirándose sus valores, su inteligencia, su independencia y su prosperidad.
La mujer a jugado un papel muy importante en diversas partes del mundo; como en Nueva York, Argentina, Inglaterra, Francia, España, India, etc. […]
(texto completo en el libro “Mujeres mes a mes” de Entrelineas Editores)

LAURA M. LOZANO RAMÍREZ
La leyenda
por la autora

Cuenta una leyenda que, en el Arroyo de los Nogales, que atraviesa el camino del mismo nombre y que va desde Medina Azahara hasta Córdoba, a lo largo de las almunias de Sierra Morena; suele verse en las noches de luna llena la figura de una muchacha que, sentada cerca del puente, se encuentra con los viandantes que lo franquean. Ella les ofrece agua de su cántaro para calmar la sed que le provoca la calina del estío o simplemente para que refresquen sus gaznates tras una larga cabalgada desde tierras lejanas en los confines de Al-Andalus. Y, mientras calma la sed de los caminantes, que tienen a bien hablar con la bella muchacha, ella les cuenta relatos increíbles de tiempos de esplendor, ya olvidados por todos los que por allí pasan. Pues, en lo que descansan un rato, la joven les relata una bonita historia sobre una bella ciudad que, para su perdición, fue destruida y cubierta por capas de tierra a causa de la ignominia, la envidia y el ansia de poder de pueblos hermanos. Una hermosísima ciudad que fue la Perla de Qurtuba. Su joya sin igual. Edificada por manos avezadas en el lugar de La Desposada, alzada con los materiales más preciados: mármoles, alabastros azulejos, piedras preciosas, oro, plata y maderas nobles. […]
(texto completo en el libro “La Perla de Qurtuba” de Laura M. Lozano Ramírez)

EFRAÍN SILVA PÉREZ
Estudio número 15
a la guitarra: el autor

VICTOR MANUEL SAN JOSÉ
Quién pudiera saber amar
canta: Julio Ramos

PROYECCIÓN DEL DOCUMENTAL
Carmen de Burgos “Colombine”
de la serie “Mujeres en la Historia”

COCKTAIL

La cuarta edición de El día de las Escritoras se adentra en el tema del amor, desde la perspectiva de las mujeres, a lo largo de cinco siglos. El intento es más original de lo que parece. Si consideramos la escasa libertad intelectual que ha tenido la mujer en la Historia, resulta inevitable deducir que el relato del amor, que atraviesa nuestra cultura, es una construcción masculina. La relación de las mujeres con el amor ha sido de gran intensidad, qué duda cabe. Pero la autoría del relato no es suya. Así, las voces de estas diecinueve escritoras españolas y latinoamericanas quizás nos ofrezcan una visión particular sobre un territorio en el que, en cierto modo, son extranjeras. O lo fueron.
Muchas mujeres pueden no sentirse reflejadas con este planteamiento. Y tendrán razón, porque ¿a qué llamamos exactamente amor? ¿Existe palabra más subjetiva y polisémica? ¿Y qué relación tiene con la palabra libertad, que también aparece en el título de esta antología?
El universo femenino ha girado alrededor del amor desde la noche de los tiempos. Excluidas del ámbito del conocimiento y el desarrollo profesional, relegadas a la dependencia del hombre, es posible que el amor haya sido, demasiadas veces, la única fuente de riqueza de las mujeres. Una posibilidad de realización personal en su condición casi exclusiva de amantes, madres y cuidadoras. Una importante fuente de felicidad.
Y un arma de doble filo, que una óptica contemporánea no puede dejar de revisar.
Hoy es ineludible reconocer que el precio de esta entrega amorosa, desequilibrada por exceso, es su utilización como mecanismo de dependencia y sometimiento. ¿Podemos preguntarnos qué visión tendría de sí misma, por ejemplo un ama de casa, si sustrajésemos de su vida cotidiana el relato amoroso? Un paso más allá, el mito del amor romántico espolea relaciones de posesión que, demasiadas veces, acaban en violencia de género. Ese amor incondicional que predica la pérdida de la individualidad y, en consecuencia, de la propia identidad.
La ficción ha trazado sin descanso las líneas de un relato turbulento, dotando de peligrosa belleza a la relación
supuestamente inseparable entre el deseo y el sufrimiento. Los versos más hermosos han entrelazado amor y dolor. Como si una cosa no fuese posible sin la otra…
Dos citas: “El día en que una mujer pueda amar no con su debilidad sino con su fortaleza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal”. Simone de Beauvoir.
“Todo lo que sabemos del amor es que el amor es todo lo que hay”. Emily Dikinson
Estamos ante un tema profundamente controvertido.
Nuestra antología inevitablemente esboza una historia; las diecinueve escritoras son sus protagonistas, y encaran el tema desde ópticas muy distintas. Queremos iluminar no sólo la audacia de su palabra, sino también el coraje que supuso, en muchas de ellas, simplemente escribir, publicar o estrenar en un escenario hostil. Pero existen muchas otras historias posibles. La selección que aquí proponemos es tan personal y subjetiva como el tema que nos ocupa.
Nuestra historia empieza con dos monjas y tres dramaturgas que escriben sobre el tema con particular osadía. Un dardo de fuego atraviesa el corazón de Teresa de Jesús, cuando las mujeres encuentran en el encierro del convento, paradójicamente alejadas del amor carnal, una posibilidad de escribir de amor. La narración de Teresa de Jesús abre las puertas de una escritura íntima, de una libertad introspectiva casi salvaje, que tardará siglos en reaparecer con tanta fuerza. El amor sublimado de la mística trasluce erotismo.
“Le veía en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas”, escribe Teresa de Ahumada, desde la libertad de su celda.
Del convento al teatro, décadas más tarde, la dramaturga Feliciana Enriquez de Guzmán -dice la leyenda que estudia en la universidad de Salamanca disfrazada de hombre- parece encontrar su territorio de libertad creadora en sus delirantes Entreactos. Es ahí, en esas
piezas menores, donde despliega un mundo humorístico y esperpéntico, y juega con una idea escandalosa del matrimonio: tres personajes femeninos desean amores bígamos. Y los consiguen.
“Gócense desposados y desposadas; gócense los seis Ninfos, con sus tres Gracias”.- cantan alegremente todos los personajes, como punto y final.
Otra dramaturga del Siglo de Oro, Ana Caro de Mallén, crea un personaje femenino enamorado, de una fortaleza y una complejidad poco común. La autora olvidada, famosa en su tiempo -se sabe que nació bajo la condición de esclava y acabó siendo una de nuestras primeras escritoras remuneradas-, concede a su Leonor tanta belleza y ternura como capacidad de acción. Incluso violencia física. Aunque el personaje acabe subordinándose al hombre, la osadía de estas dramaturgas da qué pensar.
¿Cómo sería nuestra relación con el amor, si los modelos fundamentales de comportamiento que la ficción inculca, hubieran sido creados por escritoras, con las mismas condiciones de libertad intelectual que sus colegas hombres? Nunca lo sabremos.
Mientras tanto, desde otros conventos, al otro lado del mar, Sor Juana Inés de la Cruz, rebelde, delicada y firme, explica la más sublime calidad de amor, dedicándole versos a una mujer. Tendrán que pasar siglos para que Esther Tusquets dé luz a una historia de amor homosexual, en su novela, El mismo mar de todos los veranos.
En el Siglo XVIII, la tercera dramaturga de nuestra historia, Isabel María Morón, empieza su única obra conocida Buen amante y buen amigo, con una escena de violencia de género de estremecedora actualidad.
Como un faro en la tormenta surge poco después Concepción Arenal. El horizonte se ilumina con su análisis demoledor de la liberación de la mujer, a través de la evolución del hombre, que se civiliza y busca el amor para ser feliz:
“Cuando su corazón empieza a tener necesidades; cuando observa que en aquel ser -la mujer-, donde al principio no había visto más que belleza material, hay tesoros de amor que pueden serlo de
dicha para él, entonces el instinto se hace sentimiento…”, escribe Concepción Arenal.
Irrumpirá pronto Carmen de Burgos, derrochando lucidez con su reflexión sobre la necesidad de legalizar el divorcio, no como mecanismo para liquidar el amor, sino para amar mejor.
Y es en la correspondencia entre Emilia Pardo Bazán y Pérez Galdós donde asoma ese hombre civilizado que dibujó Arenal, que quizás empieza a necesitar a la mujer plena, para poder amarla. En las cartas de la escritora -“Miquiño mío; te como un pedazo de mejilla…”- aparecen destellos de una relación amorosa igualitaria, que vive sus propias infidelidades sin dramatismos.
“De mis picardías, ¿qué quieres que te diga? Tu eres más indulgente para ellas que yo misma”, escribe Pardo Bazán. Pero da un paso más allá, en la defensa íntima de la individualidad en el amor. “Bien te alcanza la filosofía y la razón para comprender que a nadie humilla lo que hace otro, y que solo las acciones de uno mismo honran o avergüenzan.”
Lo dirá también, a su manera, la poeta Cubana Dulce María Loynaz, “Si me quieres, no me recortes”. O más tarde Montserrat Roig: “¿Y si en realidad vivimos separados los unos de los otros, y solo nos reencontramos cuando nos deseamos?”.
La misma búsqueda de la identidad con que se debatirá Alejandra Pizarnik en sus diarios, contraponiendo la idea femenina del amor con su necesidad de crear.
“La incapacidad de amar me ha de llevar (…) a una individualidad fuerte y productiva; mi temperamento artístico crecerá considerablemente. (…) Pero… ¿has de ser feliz algún día? ¿Has de sentir en tu alma el genuino reflejo de un amor pleno?” (…) ¿Habrás vivido, Alejandra?”
Antes y después la materia amorosa se vuelve poesía. El amor tormentoso de Alfonsina Storni. Los colores de Ernestina de Champourcin, Maruxa Orxales o Robustiana Mujika Egaña. El amor sanador en tiempos de guerra de La voz dormida de Dulce Chacón. La madurez de Anna Murià, que le regala a su hija El gran bien. Libertad para dudar: “El odio nace en el que tiene razón, el amor en el que duda”.
La calma de Carmen Laforet, cuando su Paulina nos dice: “El amor se parece a la armonía del mundo, tan serena. A su inmensa belleza…” Ojalá.
Sí: las escritoras han hablado mucho de amor; un espacio emocional decisivo para los seres humanos. Han expresado sus luces y sus sombras. Queremos penetrar en ese laberinto.
Clara Sanchis
Comisaria del Día de las Escritoras 2019.

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